Reseña
de obra Mío Cid
El
Cantar de Mío Cid trata el tema del honor, un valor de gran importancia para la
gente de la época. La necesidad de recuperar la honra perdida es lo que da
impulso a las hazañas acometidas por el héroe.
Ficha Técnica
Autor:
Anónimo.
Año de
Publicación: Año 1200.
Número
de Versos: 3725 versos anisosilábicos.
Idioma:
Castellano Medieval.
Resumen de la Obra
1.
Contexto
La Edad Media constituye un
periodo histórico que comprende desde la caída del Imperio Romano hasta la toma
de Constantinopla (476d.c. a 1453). El Medievo es un momento histórico
euroasiático, en ambos eventos antes señalados son hombres del este, específicamente
musulmanes, los repercuten importantemente en los países de estos continentes.
La España medieval del siglo XI
es invadida por los árabes, la península ibérica se encuentra dividida en dos,
en el norte por reinos cristianos y el sur con amplio dominio árabe.
El protagonista del Mío Cid,
Rodrigo Díaz de Vivar, nace en el Reino de Castilla gobernado en ese entonces
por Fernando I de León. Al morir este último, queda como rey su hijo Sancho II,
el cual fallece poco tiempo después de haber tomado posesión; en un hecho un
poco confuso, dejando la corona en manos de su hermano, el Rey Alfonso VI.
Alfonso VI para ser proclamado
rey, se vio obligado por unos caballeros
entre los cuales estaba el Cid, a jurar de no haber participado en la
muerte del Rey Sancho II; y es este juramento un tanto obligado, por el cual el
rey Alfonso VI decide desterrar al Cid de su reino, ante la humillación por la
que fue objeto.
Es este último suceso el que
desencadena toda la historia que se cuenta en los cantares que componen esta
obra, la cual pertenece al llamado Mester de Juglaría, la cual era cantada por
los juglares tanto en plazas públicas como en castillos.
2.
Contenido
El primer cantar es el de
Destierro, en el cual se cuenta que el Rey Alfonso VI le da nueve días a Rodrigo
Díaz de Vivar el campeador, para que abandone las tierras que componen el Reino
de Castilla. En este destierro el Cid no va solo, se encuentra acompañado de
sus más fieles vasallos y familia, los cuales en el avanzar de su camino llegan
a Burgos; donde por ordenes del Rey nadie les ofrece posada, es una niña de
nueve años quien les comunica el temor de los habitantes de esta población frente
a la orden real para negarles la ayuda. El Cid se entristece ante esta
situación, y a escondidas acude a unos viejos amigos judíos para que le presten
dinero y así poder abastecerse de víveres que les acompañen en el viaje, ya que
se encuentra empobrecido al haber sido despojado por el reino de todos sus
bienes. El Cid es un hombre religioso, en todo momento invoca a dios para que
lo acompañe en su travesía, motivo por el cual antes de abandonar Burgos
promete a las afueras de su catedral,
mil misas en el altar de la virgen. Continuando su camino el Cid llega a
Cardeña, reuniéndose con su esposa e hijas, promete regresar por ellas,
dejándolas en compañía de monjes amigos de él. A su paso, el Cid va reclutando
caballeros, quienes al conocer la valentía y honorabilidad de Díaz de Vivar se
unen a su destierro.
Comienzan las batallas y
conquistas por parte del Cid junto a sus vasallos, se introduce a tierras
gobernadas por moros, específicamente dentro del reino de Valencia. Los botines
son cuantiosos, y el Cid como hombre justo reparte las ganancias entre todos
sus acompañantes. Conforme obtiene la victoria sobre sus adversarios moros, el
Cid envía presentes al Rey Alfonso VI como prueba de la hazaña y como parte de
agrado para conseguir el perdón. El cantar del destierro termina con la batalla
del Cid y sus vasallos contra el conde de Barcelona, el cual al ser vencido,
decide ponerse en huelga de hambre; el Cid siendo compasivo, le promete al
Conde respetar su vida si cambia de actitud. La riqueza del botín que se
obtiene en eta lucha es tan grande que no se puede contar.
El segundo cantar hace alusión
a las bodas de sus hijas, pero mucho antes de que este suceso aconteciere, el
Cid entra a Valencia; acorralando la ciudad, la conquista.
Rodrigo Díaz de Vivar es
proclamado Rey de Valencia, los habitantes lo aceptan, tal vez porque a pesar
del despojo tiene un trato cordial y justo con ellos; sus seguidores se incrementaban
tanto como sus hazañas de riquezas.
Como en cada victoria, el Cid
le mandaba parte del botín al rey Alfonso VI; el Minaya Álvar Fáñez es el
encargado de llevar la buenas nuevas al reino de castilla, presuroso llega este
último a las tierras de Carrión que es donde se encontraba Alfonso. Minaya
cuenta al rey lo acontecido en Valencia y ante ello, el castellano solo tiene
muestras de alegría, a tal grado de perdonar a la familia del Cid. En esa
reunión se encuentran presentes los infantes de Carrión quienes asombrados por
las riquezas adquiridas por el Cid empiezan a interesarse en las hijas de este.
Minaya parte rumbo a Valencia con la esposa e hijas del Cid, el cual manda
gente a las afueras de esta para recibirlas. Se prepara toda una procesión para
la entrada de la familia del Cid, este les da en herencia la ciudad y sus
alrededores.
Del otro lado del mar, en
Marruecos, el rey árabe Yusuf se encuentra con pesar por la pérdida de
Valencia, decidido a recuperarla parte rumbo a esta para enfrentar en una gran
batalla contra el Cid.
El enfrentamiento ve la luz,
frente a los ojos de su esposa Jimena y sus hijas, el Cid sale victorioso,
derrotando a Yusuf y obteniendo un botín muy extraordinario. Como ya era su
costumbre, el Cid envía un presente al Rey Alfonso VI. Es en Valladolid donde
minaya lo encuentra y le presenta los obsequios enviados. Maravillado por la
historia de la batalla contra el rey de Marruecos, Alfonso le pide a Minaya que
le diga al Cid que quiere verlo, por lo que fija el plazo para hacerlo y le da
al Cid la oportunidad de escoger el lugar de la vista.
El tiempo llega y el encuentro
se da, el rey perdona al Cid; y a petición de los infantes de Carrión les
solicita la mano de sus hijas, el Cid no muy convencido acepta, y se lleva a
los infantes a Valencia al encuentro con sus hijas.
El Cid no acepta del todo el
compromiso de casamiento de sus hijas, a las cuales considera muy chicas para
hacerlo, por lo que le pide a Minaya que sea el quién en su representación
entregue a sus hijas a los infantes de Carrión, quienes no despistaban su
interés y ambición por la riqueza acumulada por el Cid.
La señora Jimena y sus hijas
ven con buenos ojos el casamiento, ya que consideran que los infantes vienen de
buena familia. La fecha de la boda llega y los festejos duran quince días, como
se pactó anteriormente, es Minaya quien entrega en el altar a las hijas del
Cid. El segundo cantar termina con la despedida del juglar, el cual canta el
deseo para que el casamiento sea bueno.
El tercer cantar al cual le
corresponde le nombre de la afrenta de Corpes, empieza con la anécdota en la
que un león, al parecer mascota de la familia, escapa de su jaula; el león con su intimidante presencia, provoca
el miedo e induce a que los infantes de
Carrión se escondan salvando su vida; ante el asombro de ellos y todos los
presentes, la bestia es domada por el Cid.
La acción de los infantes provoca la risa y la burla de todos, estos se
avergüenzan de lo sucedido, y es el Cid quien interviene para acabar con la
mofa que se hace de sus yernos.
Valencia por su situación
geográfica y al ser un importante puerto, es codiciada por muchos; y ante la
deshonra de las derrotas de los moros, es otro rey de Marruecos de nombre Búcar, quien decide invadir
Valencia y recuperar territorio. Ante esta afrenta, el Cid decide reclutar a
sus vasallos para la batalla, los infantes se intimidan y temen. Ya en el campo
de batalla, infante Fernando toma valor y decide ir al frente; cuando toma la
iniciativa que comenzar la lucha, este se ve intimidado por un moro, y en vez
de confrontarlo frontalmente como debía suceder, huye cobardemente.
El ejecito del Cid gana la
batalla, el Cid mata a Búcar y gana la espada de Tizón. El cid victorioso,
reparte la riqueza adquirida, incluso sin saber de la cobardía de sus yernos,
se siente orgullo de ellos. A estos les empieza a ganar la vanidad y buscan
obtener un mejor lugar en la corte de Valencia, siempre bajo la sombra de su
suegro. Pero los vasallos empezaron a rumorar el no haber visto en la batallas a ningunos de los dos
infantes, Diego y Fernando, lo cual desato las burlas, motivo por el cual los
infantes avergonzados, deciden regresar a Carrión llevándose consigo a sus
esposas.
El Cid sentía que no era bueno
que sus hijas viajaran a Carrión, presentía malos augurios. Sin poder detenerlos, parte la comitiva de
los infantes y sus esposas hacia Castilla, y en un paraje conocido como Corpes,
y una vez quedándose solos con sus esposas, los infantes las maltratan. Doña
Elvira y Doña Sol, hijas del Cid, se sienten humilladas ante el actuar de sus
maridos, ya que son abandonadas y
despojadas de sus pertenencias. Los infantes de Carrión se sienten orgullosos
de lo que hicieron, sienten haberse vengado por las burlas recibidas en
Valencia.
Las hijas del Cid son
rescatadas y llevadas a Valencia, el Cid frente a la atrocidad por la que
pasaron sus hijas le pide al Rey Alfonso VI que convoque a la corte de Toledo
para enjuiciar a los infantes de Carrión.
Ante la negativa y el rogar de
los infantes para que la corte no se levantara, el rey lleva a cabo el juicio;
el cid se presenta y les pide a los infantes que le devuelvan las espadas de
Colada y de Tizón, que él amablemente como reconocimiento les dio. El Cid
recibe de regreso las espadas y recupera parte del ajuar de sus hijas. Ahí mismo en la corte, el Cid los invita a
batirse en un duelo, con dos de sus vasallos, reto en el cual los infantes
salen derrotados.
El Cid una vez que recupero el
honor de su familia en la corte y con la victoria sobre los infantes de Carrión
regresa a Valencia, y comienza los preparativos de la segunda boda de sus hijas
con los infantes de Navarra y Aragón.
Termina el cantar mencionando la muerte del Cid en una pascua, y el juglar
implorando el perdón para el Cid y todos lo que lo escuchaban.
3.
Crítica
El Cantar del Mío Cid nos habla
de la historia de un Rodrigo Díaz Vivar que busca honrar a su persona y a su
familia. Ante el destierro que sufre, confronta la situación y su vida de
manera digna, con un crecimiento constante tanto en el plano espiritual como
material.
El texto llama al nacionalismo,
a luchar por nuestros ideales. La historia comienza retratando la vida de un
hombre que conforme avanza la historia lo lleva a terminar como un héroe.
Desafortunadamente el texto
comienza sin contarnos que fue lo que sucedió antes, que fue lo que desencadeno
el destierro; lo cual sin lugar a dudas acorta un poco la historia tan
interesante de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar. Sin que lo anterior demerite
cada una las historias de batalla que en el se relatan, y que engrandecen el
actuar de este personaje. La obra nos deja y habla de valores como la lealtad,
la valentía, el amor, la unión y la igualdad. El Cid se muestra como un hombre
agradecido ya que a pesar de las riquezas que obtenía como resultado de las
victorias, él las compartía con los que lo rodeaban.
En contraparte nos muestra a
los infantes de Carrión en su tercer cantar como ambiciosos, interesados, maltratadores
y cobardes. Tal vez esta parte de la historia suena como novelesca, ya que
caricaturiza un poco las villanías de estos personajes. Claro está, sin
minimizar la parte del maltrato que sufren las hijas del Cid. Siempre debe
existir justicia para una mujer maltratada y en esta ocasión no fue la
excepción.
La película El Cid Campeador de
1961, estelarizada por Charlton Heston y Sophia Loren, cambia algunos elementos
del texto original, y le da una interpretación diferente a este. En esta si
existe el antecedente del destierro, pero no narra como lo hace el texto, las
hazañas de las tantas batallas de dio el Cid, ni del casamiento de sus hijas y
mucho menos hace uso de los versos que integran este cantar. Termina siendo una
historia comercial y romántica muy al estilo hollywoodense.
4.
Conclusión.
Al leer el cantar del Mío Cid,
estamos ante la primer gran obra escrita en castellano; una obra medieval que
nos habla de la honorabilidad de una persona que enfrenta una dificultad, y de
cómo se sobrepone a ella.
Fue Pedro Abad quién nos da la
oportunidad de poder leerlo, ya que al escribir el manuscrito de casi cuatro mil
versos, nos lleva a los orígenes de nuestro idioma.
Si bien, es una obra típica
medieval que retrata la vida de un héroe, de batallas entre moros y cristianos,
nos imprime los valores que se acuñaban en la época y que mucho bien nos hacen
en cualquier año.
Rodrigo Díaz de Vivar no se dio
por vencido, siempre fue leal sin perder su dignidad; siempre agradecido con
Dios y con sus más fieles seguidores, además de ser atento y amoroso con su familia.
Desafortunadamente como
históricamente se ha recalcado, se perdieron fragmentos de este cantar, sin demeritar el contenido y valor del texto que conocemos en nuestros días; ya
que fue este la pauta para se siguieran escribiendo obras grandiosas que
enriquecen nuestro idioma.
Las hazañas del Mío Cid sin
duda son la antesala de las vivencias
del gran Quijote de la Mancha. Es una lástima no se tenga el nombre del autor
original del Mío Cid, ya que no recibe los reconocimientos propios de su obra;
pero esta sobresale por sí misma, ha sido y seguirá siendo aplaudida por
muchos, a lo largo de los siglos. Por lo que ese escritor anónimo debe estar satisfecho
de que su Cid campeador que en buena hora ciño la espada, trascendió las
barreras de la literatura universal.
Referencias Bibliográficas
Fábrica
Nacional de Moneda y Timbre. Cantar del
Mío Cid
Recuperado
el 13de Enero del 2021 de:
https://www.fnmt.es/coleccionista/especiales/cantar-de-mio-cid