viernes, 23 de abril de 2021

Reseña de Película “Para siempre Pestalozzi”

 

Reseña de Película “Para siempre Pestalozzi”



Siendo testigo desde muy joven de las desigualdades que existían en la Europa a mediados del siglo XVIII, se propuso dar un giro considerable a la forma de enseñanza que ha sobrevivido hasta nuestros tiempos. Lo cual le ha costado ser el pedagogo más conocido y admirado: Johann Heinrich Pestalozzi.

Es en su país natal, Suiza en el que el revolucionario joven se da cuenta que la educación carecía de herramientas que le proporcionarán a los niños y jóvenes los suficientes elementos para poder tener una mejor calidad de vida, tanto en lo espiritual como en lo material.

Las diferencias sociales tan marcadas, en las que solo los ricos podrían tener acceso a una educación aceptable, mientras que en los pobres era totalmente demeritoria, lo impulso a crear escuelas llenas de niños y niñas abandonados por el sistema.  Son estos últimos el motor que le da la fortaleza suficiente para poder confrontar a lo socialmente establecido. Incluso al más poderoso aparato institucional de esos tiempos, la iglesia católica.

Discípulo de Rosseau, encamino sus esfuerzos a una educación en la que se diera importancia a lo esencial. Siempre comenzando desde lo más sencillo, para poder continuar poco a poco, terminando en lo complejo. Teniendo a los sentidos como el principal medio de exploración, la observación como instrumento de interpretación y la memoria como método de registro.

Su propósito era que los niños le dieran importancia a lo que realmente lo tiene, y que le sirviera en un futuro en la vida. Consideraba que los alumnos deben ser libres para poder mediante los sentidos captar lo que la naturaleza les dice.

Quitar esas riendas impuestas por la sociedad, alimentando la curiosidad y la creatividad en ellos. Permitiendo que los alumnos racionalicen lo que va captando su atención, e interiorizando sus gustos. Para de esta forma, puedan ser capaces de elegir lo que mejor les convenga o les cause afecto.

Pestalozzi siempre hizo hincapié en la naturaleza, esa que nos proporciona todo y que nos enseña lo que realmente importa en la vida. El respeto hacia ella, siempre teniendo en cuenta sus procesos  y tiempos.

Comparaba a los niños con los arboles, en los que ambos comienzan siendo una semilla, y de acuerdo a como se les vaya nutriendo y cuidando, estos darán los frutos correspondientes al esfuerzo y trabajo realizados en ellos.

Es esto último lo que hizo que el estado se preocupara un poco por los infantes, incluyendo poco a poco, a los más desfavorecidos. En la escuela que organiza, su función como docente, es que todos sean prioridad, sin excluir a nadie.

La educación no podía ser de calidad solo para los burgueses, debería ser para todos en general y es el estado el que se debería encargar de que esta sea impartida en su totalidad.

Es en su libro “Como Gertrudis enseña a sus hijos” donde Pestalozzi aclara su metodología de enseñanza, la cual se basa en la sencillez de solo saber observar, medir, dibujar y escribir. Para que el niño aprenda debe basar su aprendizaje en saber diferenciar a los objetos, tratándolos de describir de acuerdo a su percepción. Enseñar utilizando el juego y dando amor a los alumnos, son tácticas que proporcionó para el desarrollo del sistema educativo mundial.

Sin duda un gran pedagogo que demostró con hechos lo que su ser espiritual le dictaba, dando afecto y conocimiento a los más vulnerables, introduciéndolos al camino de la sociedad intelectual.

Confiaba en la bondad de las personas, induciendo la idea de que el hombre en general es bueno y quiere lo bueno. Pestalozzi fue sin duda un gran árbol que rindió fruto, el cual a través del viento esparció la semilla de la educación, de la compasión, del espíritu libre y de la libertad.

Bibliografía

Pestalozzi, Johann Heinrich (1801) “como Gertrudis enseña a sus hijos”

Von Gunten, Peter (1989) “Para siempre Pestalozzi”

Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=5C2w62iWvZo

 

 

jueves, 22 de abril de 2021

Aprender a Vivir Artículo de Opinión "El Emilio" de Jean Jaques Rousseau


 

Aprender a Vivir

 

Muy pocas veces nos preguntamos o nos permitimos reflexionar del por qué de nuestro actuar, pensar o hablar. Tal vez, es de poca importancia saberlo y por eso no hacemos ese tipo de cuestionamiento con frecuencia, al final de cuentas, nos comportamos, lo hacemos y ya; por inercia, porque así somos y porque nos gustar ser. Cuando intentamos conocer el inicio de nuestro comportamiento, las respuestas por lo regular, suelen, no ser de nuestro agrado: ¡la culpa es de nuestros papas! ¿Por qué me enseñaron a ser así? ¿Por qué tengo que comportarme como mi papa? ¿No me pudieron enseñar a ser más exitoso?

Hemos escuchado hasta el cansancio el que las personas somos como una hoja en blanco cuándo nacemos; que los bebes son, como una esponja que todo succionan. Es Jean Jaques Rousseau quién en su libro “El Emilio” aborda esta situación que nos permite aclarar un poco las dudas de nuestro existir. El mayor alimento que existe en la vida, es la enseñanza. Son nuestros padres los primeros “maestros”, pero no de matemáticas ni de ciencias, o por lo menos no profesionalmente; son tal vez, mucho más importantes que eso, son nuestros primeros mentores de vida. De ellos aprendemos a recorrer ese camino tan transitado y difícil, y mediante sus enseñanzas logramos, por lo menos, intentar caminarlo.

Cuando nacemos, somos los seres más indefensos, necesitamos protección y cuidado; aprenderemos a ser fuertes o débiles según sea el caso. Seremos torpes o inteligentes según el medio en el que nos desarrollemos.

Es aquí donde recuerdo la Teoría del Aprendizaje Social de Albert Bandura, el cual nos dice, que el niño  como “aprendiz” se comportará en el futuro según  haya sido su desenvolvimiento en la sociedad. Su primer escalón, será la familia. Los padres su primer obstáculo a vencer.

 

El niño será capaz de extraer enseñanzas a partir de la observación de lo que hacen o dicen los otros. La herramienta para lograrlo será la atención. Los padres harán todo lo posible para formar a un individuo capaz de sobresalir en el ambiente. ¿Pero realmente lo logran?, ¿Son las tácticas que utilizan las adecuadas?. Eso sólo lo podremos saber con el tiempo. Otra frase trillada pero que esconde una gran verdad es la que dice: que no existe un manual para ser madre o padre. Otra gran verdad, es que los padres van aprendiendo sobre la marcha, usando estrategias aprendidas en la vida, esa que obtuvieron de sus propios padres. El árbol genealógico se hace presente en cada nacimiento, y no solo para hacer presencia en la herencia genética, sino en la forma de educar.

Generación tras generación subsisten palabras, o formas de ser y de pensar. Es una cadenita que sigue en movimiento. Unos tratarán de hacer modificaciones para “bien” o para “mal”; otros continuarán igual, con los mismos “errores” o “aciertos”. La gran mayoría apuesta por una educación en la que sus hijos aprendan a ser fuertes, exitosos y dispuestos a sobresalir en la vida.  Rousseau decía, que el hombre que conoce y es capaz de sobrellevar los males de esta vida es el mejor o más educado. Muchos padres no buscan enseñar esos males, como el fracaso, por el contrario buscan  hijos que lleguen lo más cercano a una “perfección” inexistente. Quién crece en el “perfeccionismo Ficticio”, y lo llamo así, por qué sólo existe en el imaginario de algunos; crean seres rígidos, cuadrados, obsesivos, carentes de empatía consigo mismo. Se olvidan de que conforme una persona se equivoque, aprende.  Unos padres que “conducen” a sus hijos hacia la plenitud, son guías, que inculcan en sus hijos el llamado “ensayo-error”. La caída duele, pero el levantarse es una virtud.

Bandura describe al papel de aprendiz, como aquel que no es Dios, ni autosuficiente, ni mucho menos autómatas. Se le tiene que enseñar a cada individuo a ser apto para todas las condiciones humanas que la vida le vaya presentando.

Los primeros pasos se logran en compañía de quienes nos protegen y cuidan desde el nacimiento y en los primeros años de vida. La experiencia se va nutriendo de las lecciones que se van presentando. El niño hace sus primeras “gracias” utilizando sus capacidades físicas, sus sentidos; en donde poco a poco va construyendo una idea de lo que es y de lo que quiere ser. Pero antes de conectar con lo cognitivo, lo hace con sus parte afectiva. Esa, que desarrolla en la intimidad de su relación con la madre. Es en esta relación donde conoce el placer y el dolor, el bien y el mal; el afecto o el rechazo.

Todo lo que le suceda quedará marcado, en la memoria consciente o inconsciente; ese aprendizaje saldrá a la luz segú el momento en que se necesite aplicar. Cada acción y sensación queda registrada en nuestro cuerpo, en nuestro ser. Se va creando nuestro archivo personal, el cual permitirá conocer nuestro alrededor y a nosotros mismos.

En la interacción con nuestro mundo, en el que los primeros meses se reduce a nuestros seres queridos, vamos siendo un poco conscientes de nuestro ser. ¿Pero realmente somos totalmente conscientes de lo que somos?

Tal vez no, y menos si solo nos dedicamos a cumplir con lo que la sociedad nos dicta, o espera de nosotros. No somos conscientes si solo estamos preocupados en lograr ser ricos y no tener preocupaciones. ¿Nos gusta nuestra vida?, o más bien ¿Somos felices? Difícil responder. Todos queremos siempre más y más, pero no todos vamos detrás de eso. Nos conformamos con lo que tenemos, no arriesgamos demás.

Jean Jaques Rousseau dice algo muy cierto: “el hombre que más ha vivido no es aquel que tiene más años, sino el que más aprovecho la vida”. No podemos estar más de acuerdo con esto. Nos olvidamos de vivir, de sentir y de experimentar, cuando la rigidez, los prejuicios y “el qué dirán”, son más fuertes que los deseos de las personas.

Se nos olvida que solo tenemos una oportunidad de vivir, nos perdemos en la monotonía y en la cuadratura. La libertad, queda como una simple palabra más en nuestro breviario personal, sin sentido ni significado. Aprendimos a ser esclavos de lo que los demás piensan. Si los padres nos enseñaran a ser libres, obvio, conociendo las consecuencias de utilizar mal ese término, todo sería distinto.

No podemos culpar a nuestros padres por sus enseñanzas o por su forma en que nos permitieron crecer. Lo que sí es cierto, es que son quienes en sus formas de actuar, voluntaria o involuntariamente inculcaron en nosotros nuestra manera de ver la vida y de salir avante en ella.

Pero ¿cómo podemos ser mejores padres? Es otra pregunta difícil de contestar.

Vale la pena, quizás, dejar de ser tan aprensivos y en la manera de lo que se pueda, irnos liberando de las ataduras que nos impusieron en el pasado. El formar a un individuo, es la tarea más complicada que existe en el universo entero. Que de ti dependa el futuro de una persona, no es nada agradable. Cae sobre ti, una responsabilidad que no se esperaba.

Lo único que como sociedad podemos esperar, es que existan hombres y mujeres libres, respetuosas de la naturaleza, de los otros y de sí mismos. Que sean honestos en cada paso que den. Seres llenos de amor y  compasión, en donde la actitud de servicio este presente para los que más lo necesitan.

Individuos capaces de elegir y apostar por su felicidad; entendiendo que para lograrla se pueden cometer errores, los cuales no son malos ni dañan. El daño se produce cuando no se está preparado para afrontarlos y remediarlos.

Todos tenemos un papel para desempeñar en la vida, lo mejor para todos es que cada quién decida cual interpretar. No se puede ir en la vida con indecisiones, sin saber qué rumbo tomar. La madurez nos tiene que permitir saber qué es lo que queremos y no en nuestra vida.

La infancia sin duda marca la pauta para la personalidad de cada individuo, lo más que podemos hacer por nuestros niños es invitarlos a que conozcan el mundo a través de sus sentidos, que con sus sensaciones vayan aprendiendo a saber que si y que no.

Rousseau a través de su “Emilio”, nos permite tener una mejor perspectiva de lo que el aprendizaje en la primera etapa de nuestra vida debe ser. Siempre buscando el bienestar de la persona, pero no solo desde lo “bueno”, sino también desde lo “malo”. Todo aporta en esta vida, no hay desperdicio en ella. Cada paso que se dé, será una huella que se deja.

Es por lo anterior que debemos aprender a enseñar lo mejor de nosotros mismos, aquello que nutra y alimente el existir de los demás. Enseñemos a vivir en plenitud, incluso con lo negativo, saliéndonos de la perfección. Teniendo siempre presente que nuestro actuar será observado por quienes nos siguen. Quizás no deberíamos ser ejemplo para nadie, pero si somos punto de referencia para muchos, por lo tanto debemos dar nuestra mejor versión. Para que nuestras manos en vez de degenerar, sean manos enriquecedoras.

 

Para este Articulo de opinión se tomó como referencia la lectura que se hizo del Libro “El Emilio” de Jean Jaques Rousseau (Titulo Original: Émile on De l´education) redactado en 1762.

 


Herbart

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